Recien acababamos de cruzar la Frontera de Galicia con Portugal por el Puente Internacional que cuelga sobre el Río Miño y mi corazón parecía batir igual que un tambor y no reparando quizás que el tren se detendría apenas unos minutos me distraje observando a la gente que se apretujaba en el andén de Valença do Minho y sentí de pronto que se me había ido la vida, soñando con llegar al Norte de Portugal.
Luego me fui integrando al bullicio de aquella fascinante ciudad que durante muchos años había imaginado colmada de castillos y campanarios y fue en ese momento que aparecieron detrás de mi una decena de concertinas escoltadas por un centenar de parroquianos que aturdieron mis oidos con impredecibles canticos al son de unos instrumentos que me eran lejanamente reconocidos.
Nenhum comentário:
Postar um comentário